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Como me siento, se siente



Ni con manual ni con ayuda extra vienen las hijas e hijos. La experiencia de criar es en sí un reto… pero,


¿qué pasa cuando además no la estoy pasando bien?


La pérdida de trabajo, la muerte de gente cercana, situaciones dolorosas, la pandemia, el ritmo de vida… no dejan de pasar cuando uno se convierte en madre o padre.




Ser mamá/papá implica prestarme como espejo. ¿Qué reflejo cuando no estoy al 100%?

La vida no te da un tipo de paraguas súperprotector que te ayude a enfocarte al 100% en la magia del desarrollo y de acompañar a los niños y niñas a crecer. La vida sigue. La vida se pone más gris, más rosa, más rápida, más exigente, más lenta… más de lo que se tenga que poner sin tomar en cuenta nuestros planes.


Lo que sí pasa es que tomamos de la vida una buena dosis de ¿”culpa” queremos llamarle? Me refiero a este sentimiento de “no lo estoy haciendo perfecto”, “no estoy aprovechando esta mágica edad de mi hijx”, “debería poner buena cara”, “me estoy quejando… y mira lo privilegiados que somos… otros deberían estarse quejando… no yo”.


Parece broma pero ni para sentirnos mal somos buenos.


¿Y cómo nos vamos a permitir sentir mal si hay una bola de deberías y de mitos alrededor de la salud mental?


Empecemos por aquí: lo único que sabemos como humanos es que vinimos a vivir… que un día vamos a morir y que ojalá disfrutemos el camino.


Sabemos que hay altas, bajas, regulares y situaciones que afrontar. Hasta nos atrevemos a decir que “si la vida fuera fácil... qué aburrido”. Ja. Pero cuando nos toca difícil, parece que todo eso lo olvidamos, que mejor nos volteamos a otro lado y que pretendemos que estamos - b i e n-. ¿No que muy filósofos al decir que la vida se trata de tener experiencias?


La única garantía de la vida es esa… que vamos a vivir y luego morir. Y vivir es pasar por todos esos momentos en el inter.


Sigamos por acá: los padres y madres se convierten en eso cuando el momento llega, ni un momento antes. La consciencia, habilidades, y conocimientos se van adquiriendo conforme a una bola de factores… y uno de ellos es querer. Pero… cuando no estoy bien ¿quiero y puedo aprender a ser ese alguien que mi familia necesita?


El objetivo de la crianza se puede ultraresumir (sin querer decir que se limita a esto) en poder ver y escuchar a nuestras niñas y niños, acompañarles a que se regulen, a proveerles de oportunidades de aprendizaje y modelarles un poco cómo se juega esto que llamamos vida.

¿Podré adquirir las habilidades necesarias para cumplir con esos objetivos cuando (1) no estoy bien y (2) me la vivo negándolo?


Estudios demuestran el efecto de padres y madres con síntomas de depresión y/o ansiedad en la crianza y su rol en la vida familiar.


  • menos responsivos a las necesidades del niño (si es que se notan)

  • hostilidad y violencia

  • menor calidez -y por tanto conexión-

  • menor sentido de pertenencia

  • menor probabilidad de desarrollar autoestima alta

  • la salud física de los niños y niñas se ve impactada: mayor cantidad de accidentes por descuido, la calidad de la nutrición es menor

  • uso de tabaco/drogas (tanto en los padres como en los niños al crecer)

  • sistemas de respuesta al estrés poco adaptativas

  • mayor probabilidad a desarrollar psicopatologías

  • menor funcionalidad en el núcleo familiar y en el núcleo social

Te cuento todo esto, no para que te sientas peor de estar atravesando un momento con ansiedad o depresión, sino para que puedas entender que -no pedir ayuda- no te hace más fuerte ni minimiza los efectos en los tuyos. -No pedir ayuda- no te ayuda a encontrar una solución… te pone en pausa y te quedas y dejas a los tuyos a merced de lo que venga.

Si estás atravesando una situación de depresión o ansiedad:

  1. No estás sola/o. El 72.8% de madres y padres reportaron tener síntomas depresivos, ansiosos o ambos en las últimas semanas.* *encuesta realizada en octubre del 2021 en la Ciudad de México con una muestra de 125 personas.

  2. El primer paso es aceptar, conocer y entender la situación. Tu valor no cambia, no eres mejor o peor persona por atravesar esta experiencia.

  3. Pide ayuda. Acércate con alguien que sepas que haya vivido algo similar, habla del tema con tu familia, acude a un profesional.

  4. Incluye a los tuyos en tu proceso. Cuéntales a tu pareja y/o amigos lo que estás pasando. Una red de apoyo no sólo te ayuda a pasarla más fácil, también más bonito. No tienes de qué avergonzarte.

  5. De así ser indicado, medícate. Tu doctor te sabrá aconsejar sobre cómo recuperar el sueño, la paz, la tranquilidad y echarle una mano a tu cerebro a percibir el mundo mejor.

  6. Quiérete, y quiérete mucho. No podemos dar lo que no tenemos. Date tu tiempo, espacio, compasión y respeto.


Cuando las habilidades de crianza no vienen de manera natural, hay manera de aprenderlas… ¡como todo en la vida: no nacimos sabiendo todo!


-En Acompañándonos a Crecer nos encantaría estar cerca para que desarrolles esas habilidades que harán que tu familia y tú convivan mejor y puedan realizarse como personas.




Mar Urbán-Psicóloga



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